Ramona Carrasco: la inmigrante mexicana que fabricó ‘un cable a la luna’.

Solo tenía 16 años, sin la más remota idea de la magnitud del trabajo que realizó tendida en el suelo en una bodega del Valle de San Fernando.

La Opinión.

Ramona Carrasco jamás imaginó que el cable de más de 30 metros en el que trabajó a sus 16 años, como tanta dedicación y cuidado durante tres meses, serviría de prueba para las naves del Programa Apollo diseñadas por la NASA para llevar humanos a la Luna y devolverlos a salvo.

“Cuando lo probaron y todas las lucecitas del cable se pusieron verdes, lo que indicaba que todo estaba bien, y vi a los ingenieros abrazarse, me sentí confundida”, dice.

Ramona, una inmigrante nacida en Sinaloa, México, quien a los 14 años emigró a Los Ángeles, no comprendía la magnitud de lo que había construido con sus propias manos, a solas y sentada en el piso de una bodega del barrio de Chatsworth en el Valle de San Fernando.

“Encontré ese trabajo por medio de una agencia de empleo temporal”.

Después de que nueve candidatos anteriores no lograron pasar la entrevista, Ramona fue la décima, y la que se quedó con el trabajo y lo terminó.

“Cuando mi jefe, el ingeniero Jim se me acercó y me preguntó cómo me sentía, le dije que estaba confundida”, recuerda.

En realidad, la adolescente no entendía para qué tanto alboroto, tanta comida y botellas de vino. Las puertas metálicas de las bodegas se habían abierto de par en par.

“Había meseros con corbata de moño y toallita en el brazo; y llegaron tres grandes trocas de donde bajaron mucho equipo; también tres limusinas, de una de ellas, descendió un hombre con gafas negras que portaba un maletín sujeto a su mano con una esposas. Después me di cuenta que estaba repleto de dinero que le entregó al ingeniero”.

Un día antes, Ramona había terminado de armar el cable, y lo había probado dos veces para que todo quedara bien de acuerdo a las instrucciones que le habían dado.

“El ingeniero me pidió que lo revisara una vez más, yo le dije que ya lo había hecho dos veces, que todo estaba listo, y si por alguna razón algo no funcionaba, ya no era mi error, sino del documento”.

Al momento de probar el cable, y ordenaron prenderlo, Ramona pensaba para sus adentros, “qué todo esté bien, qué nada falle”.

Y así fue, nada falló. La medusa como le llama Ramona al cable que creó con miles de alambres dentro, fue un éxito.