La Opiniôn.
En un giro inesperado que añade más leña al fuego de la parálisis gubernamental, el presidente Donald Trump lanzó un ultimátum a los demócratas del Senado: aceptará un recorte de $5,000 millones de dólares en el presupuesto del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), siempre y cuando la oposición apruebe de inmediato su controversial “Ley para Salvar a Estados Unidos” (SAVE Act).
A través de su plataforma Truth Social, el mandatario endureció su retórica y ordenó a los legisladores republicanos no ceder ni un milímetro en las negociaciones presupuestarias a menos que se aseguren cambios drásticos en el sistema electoral y políticas sociales. “No creo que debamos llegar a ningún acuerdo con los demócratas radicales de izquierda, locos y destructores del país, a menos que voten con los republicanos para aprobar la Ley SAVE”, sentenció el magnate.
La propuesta surge en un momento crítico, con el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) parcialmente cerrado desde el 14 de febrero. El cierre, que ya cumple 37 días, ha comenzado a estrangular la operatividad en los aeropuertos del país, donde agentes de la TSA, obligados a trabajar sin sueldo, han empezado a renunciar o a faltar masivamente a sus puestos.
Exigencias electorales y guerra cultural en el Senado.
Para Trump, la prioridad absoluta ha dejado de ser la financiación de las agencias para centrarse en lo que él denomina “integridad electoral”. Trump planteó que cualquier acuerdo debe incluir requisitos como identificación obligatoria con fotografía para votar, prueba de ciudadanía, restricciones al voto por correo —con excepciones— y el uso exclusivo de papeletas físicas en elecciones federales.
Además, busca incorporar medidas de corte social, como la exclusión de mujeres transgénero de competencias deportivas femeninas y la prohibición de cirugías de transición de género en menores de edad.
El mandatario también instó a los líderes republicanos, incluido el senador John Thune, a unificar todas estas propuestas en un solo paquete legislativo y someterlo a votación, incluso si eso implica eliminar mecanismos como la obstrucción parlamentaria.
“Reúnanlo todo y voten”, instó el presidente, sugiriendo incluso que el Senado elimine el filibuster (obstrucción parlamentaria) y cancele el receso de Pascua para forzar la aprobación de este “megaproyecto”.
Un acuerdo difícil bajo la sombra del cierre gubernamental.
A pesar de que Trump calificó el recorte de $5,000 millones al ICE como una “concesión”, el panorama en el Capitolio sigue siendo sombrío. La oposición demócrata, sin embargo, ha rechazado firmemente la “Ley SAVE”, al considerar que varias de sus disposiciones podrían restringir el acceso al voto y afectar derechos civiles.
También han planteado reformas adicionales, como exigir órdenes judiciales para operativos migratorios y el uso obligatorio de cámaras corporales por parte de agentes del ICE.
La tensión también es interna. Trump lanzó una advertencia directa a los miembros de su propio partido, pidiendo al líder John Thune que identifique a los republicanos que voten en contra de su propuesta. “¡Jamás volverán a ser elegidos!”, amenazó el mandatario, subrayando la fractura dentro del GOP entre los leales a la línea dura y aquellos preocupados por el colapso de los servicios fronterizos y de transporte.
Mientras la batalla política se libra en las redes sociales y los pasillos de Washington, los ciudadanos enfrentan las consecuencias reales: filas interminables en los aeropuertos y una incertidumbre migratoria que no parece tener un final cercano.





