Por su parte, el Banco Mundial mantuvo la expansión del 1.8% para 2027, aunque la aumentó a un 2.2% para 2028, según muestra su gráfica.
La economía mexicana mantiene la tendencia de estar por debajo del promedio regional y es que para la zona se proyecta un crecimiento económico del 2.2%, es decir, una diferencia de 0.8 puntos porcentuales.
Economías de Latam muestran desigualdades.
América Latina y el Caribe crecerán en torno a un 2,2% en 2026, según estima el informe, una tasa que se mantiene estable y demuestra resiliencia en la región ante las actuales turbulencias globales, pero que resulta muy desigual por países y por ello sigue resultando insuficiente.
Ese buen promedio oculta en realidad grandes diferencias, ya que, mientras las dos mayores economías, Brasil y México, crecen con mayor pesadez (un 2.1% y un 1.4%, respectivamente), hay países expandiendo su PIB con mayor vigor, como El Salvador (4.5%), Paraguay (4.7%), Panamá (4.2%) o República Dominicana (4.7%).
Se destaca que las trayectorias mostradas por esos cuatro países “se basan en decisiones de política duraderas” y, en el caso de Argentina, con una previsión de crecimiento que será menos de la mitad con respecto a 2025 (un 2.1% estimado frente al 4.5% del año anterior), se recuerda que el país, inmerso en el agresivo plan de ajuste del gobierno Milei, se expandirá durante tres años seguidos por primera vez en casi 20 años.
En el resto de casos, el economista jefe encargado del BM, Carlos Rodríguez-Castelán, destacó en entrevista con EFE las reformas fiscales acometidas en República Dominicana, que han permitido “impulsar los sectores manufacturero, turístico y minero” o el impulso brindado a El Salvador por “la combinación de políticas relacionadas con la seguridad ciudadana, la eliminación de trabas regulatorias y la atracción de inversión extranjera“.
En el caso de Panamá, considera que haber salido de la lista de jurisdicciones no cooperantes de la Unión Europea (UE) ha sido fundamental para atraer mayor inversión, mientras que de Paraguay subrayó su matriz energética o la resiliencia de sus exportaciones agrícolas.
El reporte indica también que la inflación no se ha enfriado lo suficiente en la región y que los tipos altos siguen coartando crédito e inversión, mientras que los costes de financiamiento de deuda dejan poco espacio para el gasto público en infraestructura y otros servicios, mientras persiste el problema casi generalizado de la baja productividad.