Sobre las calles aledañas al Ángel de la Independencia, como Amberes y Florencia, fueron instalados retenes con policías que pedían a los asistentes abrir sus mochilas para revisar que no trajeran consigo armas o bebidas alcohólicas.
Pese a la ley seca que implementó el gobierno capitalino, los aficionados trajeron en las manos cervezas en lata o incluso botellas de tequila. “Salud por México”, dijo Verónica, una aficionada de la selección que llegó al Ángel con sus compañeros de trabajo.
Vendedores ambulantes portaban enormes mochilas y discretamente decían a los asistentes: “cerveza a 30, cerveza a 30”. Un local itinerante en la esquina de Versalles y Paseo de la Reforma abiertamente mostraba cajas de cerveza a la venta.
Aún no terminaba el primer tiempo del encuentro mundialista entre México y Chequia cuando una lluvia torrencial cayó en el primer cuadro capitalino.
Pese al diluvio, la gran mayoría de aficionados decidieron mantenerse frente a las pantallas gigantes y sólo algunos abandonaron el lugar rumbo al metro Insurgentes, estación que ante la multitud fue cerrada por unas horas.
El primer gol de México anotado por Mateo Chávez al minuto 55 hizo retumbar con gritos y brincos a los aficionados. El piso sobre el Paseo de la Reforma vibró ante los saltos de los aficionados.
Luego, llegaron los goles de Julián Quiñones y Álvaro Fidalgo, quienes también fueron ovacionados y convertidos en júbilo por parte de los hinchas mexicanos.
El grito de “¡quiere volar, quiere volar!” ya se convirtió en una repetida escena en los festejos de mexicanos, tanto en el Zócalo, el Ángel de la Independencia y el Estadio Ciudad de México.
Los fanáticos mexicanos regresarán nuevamente el martes de la próxima semana para un nuevo encuentro de la selección nacional en su ruta mundialista.