La Opinión.
En un planeta donde tener un techo seguro se ha convertido en un lujo inalcanzable para miles de millones de personas, ministros, alcaldes y expertos de todo el mundo se dieron cita este domingo, 17 de mayo de 2026, en Bakú, Azerbaiyán. El motivo, la inauguración de la decimotercera sesión del Foro Urbano Mundial (WUF13), un evento crucial que busca frenar la alarmante crisis global de vivienda que hoy afecta a casi 2,800 millones de personas.
La crisis mundial de vivienda se ha convertido en uno de los mayores desafíos sociales y económicos del planeta, por lo que autoridades de todo el mundo, representantes de organismos internacionales y expertos en desarrollo urbano se reunieron en la capital azerbaiyana para discutir cómo ampliar el acceso a viviendas dignas, seguras y asequibles en medio del aumento de la pobreza, los conflictos armados y los efectos del cambio climático.
El encuentro, organizado por ONU-Hábitat, se desarrolla en un contexto de creciente presión sobre las ciudades del mundo, donde millones de familias enfrentan alquileres impagables, escasez de vivienda social y asentamientos precarios.
Durante la inauguración del foro, la directora ejecutiva de ONU-Hábitat, Anacláudia Rossbach, pidió acelerar políticas públicas e inversiones que permitan garantizar viviendas adecuadas antes de 2036, fecha clave de la llamada Nueva Agenda Urbana impulsada por Naciones Unidas.
“La vivienda digna no es solo una necesidad básica, también es una herramienta para combatir la desigualdad, fortalecer la economía y responder a la crisis climática”, señaló Rossbach ante delegaciones de decenas de países.
Crecen los asentamientos precarios y el impacto climático.
De acuerdo con datos expuestos en el foro, más de 1,100 millones de personas viven actualmente en barrios marginales o asentamientos informales, mientras que otros 120 millones se sumaron a estas zonas durante la última década debido al crecimiento urbano acelerado, los desplazamientos y la falta de infraestructura.
Las discusiones se enfocaron en cómo hacer que las ciudades sean más resilientes frente a fenómenos extremos como inundaciones, olas de calor y tormentas intensificadas por el cambio climático.
El tema cobró relevancia inmediata en Bakú, donde fuertes lluvias afectaron calles y carreteras durante la primera jornada del evento, obligando a las autoridades locales a activar medidas de emergencia.
Expertos advirtieron que las poblaciones más vulnerables suelen ser las primeras afectadas por desastres climáticos debido a que viven en viviendas inseguras o construidas en zonas de alto riesgo.
El sector de la construcción también fue señalado como una de las principales fuentes de emisiones contaminantes a nivel global, por lo que los participantes discutieron proyectos de construcción sostenible, infraestructura resiliente y programas de rehabilitación urbana con bajas emisiones de carbono.
La crisis golpea también a Estados Unidos.
Aunque gran parte de la discusión se centró en países en desarrollo y regiones afectadas por conflictos, varios especialistas subrayaron que la crisis habitacional también golpea con fuerza a economías avanzadas como Estados Unidos.
El arquitecto estadounidense Lance Jay Brown afirmó que ciudades como Nueva York enfrentan una creciente emergencia de personas sin hogar y costos de vivienda fuera del alcance de millones de trabajadores.
“Tenemos cientos de miles de personas viviendo en las calles de Estados Unidos, pese a ser uno de los países más ricos del mundo”, declaró Brown durante entrevistas realizadas en el foro.
Representantes de ciudades afectadas por guerras también expusieron sus desafíos. El alcalde de Homs, Siria, Bashar Al Sebaai, explicó que miles de residentes han regresado a zonas devastadas tras años de conflicto, pero enfrentan falta de electricidad, infraestructura dañada y servicios básicos colapsados.
El Foro Urbano Mundial continuará durante toda la semana con reuniones ministeriales y mesas de trabajo enfocadas en pobreza, vivienda social, juventud, desarrollo sostenible y financiamiento urbano.
Los organizadores esperan que las conclusiones del encuentro sirvan de base para futuras decisiones de la Asamblea General de la ONU y para reforzar la cooperación internacional frente a una crisis que ya afecta tanto a países ricos como pobres.





