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En Estados Unidos, la desconfianza por la práctica médica va más allá de las vacunas y se está extendiendo hacia otros cuidados preventivos para los recién nacidos.
Por ejemplo: un día en un hospital de Idaho, la mitad de los recién nacidos que vio el doctor Tom Patterson no recibieron las inyecciones de vitamina K que se han administrado a los bebés durante décadas para prevenir hemorragias potencialmente mortales. Sus padres no lo permitieron.
“Cuando miras a un niño que es inocente y vulnerable y los padres están rechazando una intervención sencilla que se hace desde 1961… saber que ese bebé va a salir al mundo me preocupa muchísimo”, dijo Patterson, que ha sido pediatra durante casi tres décadas, a The Associated Press.
Las infecciones que se previenen con otras medidas para recién nacidos también pueden tener consecuencias graves. La pomada ocular de eritromicina protege contra la gonorrea, que puede contraerse durante el parto y potencialmente causar ceguera si no se trata.
La vacuna contra la hepatitis B previene una enfermedad que puede derivar en insuficiencia hepática, cáncer de hígado o cirrosis.
Incluso si a una mujer embarazada se le hacen pruebas de gonorrea y hepatitis B, ninguna prueba es perfecta, y puede infectarse después de la prueba, señaló la doctora Susan Sirota, pediatra en Highland Park, Illinois. En cualquier caso, corre el riesgo de transmitir la infección a su hijo.
A pesar de los riesgos, los padres dan muchas razones para rechazar medidas preventivas, como temer que puedan causar problemas y no querer que los recién nacidos sientan dolor.
“Algunos simplemente dicen que quieren una filosofía de parto más natural”, arecpuntó el doctor Steven Abelowitz, fundador de Ocean Pediatrics en el condado de Orange, California. “Luego hay muchísima desinformación. … Hay influencias externas: amigos, celebridades, personas no profesionales y agendas políticas”.
Abelowitz ejerce en una zona con una mezcla aproximadamente igual de republicanos y demócratas. “Hay más desconfianza del lado conservador, pero también hay mucha del lado más liberal”, sostuvo. “Es desconfianza en todos los frentes”.
Las redes sociales agravan la crisis, difundiendo mitos e impulsando gotas de vitamina K no reguladas que, según advierten los médicos, los bebés no pueden absorber bien.
Médicos en numerosos estados dicen que los padres que rechazan las inyecciones de vitamina K a menudo también declinan otras medidas.
Los rechazos de atención no son un fenómeno nuevo. Wade, en Filadelfia, dijo que los ha visto durante 20 años. Pero hasta hace poco, eran poco frecuentes.
Hace 12 años, Dana Morrison, quien ahora ejerce como doula (o acompañante profesional de la maternidad) en Minnesota, rechazó la inyección de vitamina K para su hijo recién nacido y le dio gotas orales en su lugar.
“Venía de un lugar de realmente querer proteger el tiempo de vínculo con mi bebé”, asegura Morrison. “Estaba tratando de eliminar más pinchazos”.
El nacimiento de su hija un par de años después fue menos sencillo y dejó a la bebé con una pierna amoratada. Morrison sí le aplicó la inyección de vitamina K.
Con lo que sabe ahora, dijo, también se la habría puesto a su hijo.
Médicos y padres quieren “lo mejor para sus hijos”.
Los médicos esperan cambiar opiniones, un padre a la vez. Y eso empieza con respeto. “Si entro a la habitación con juicio, vamos a tener una conversación totalmente inútil”, aseveró Hill. “Todos los padres a los que atiendo quieren lo mejor para sus hijos”.
Cuando los padres cuestionan la necesidad de la inyección de vitamina K, la doctora Heather Felton intenta abordar sus preocupaciones específicas. Explica por qué se administra y los riesgos de no recibirla. La mayoría de las familias decide aplicarla, dijo Felton, quien dice que no ha visto un aumento en los rechazos.
“Ayuda mucho poder tomarse ese tiempo, escuchar de verdad y poder brindar algo de educación”, afirmó Felton, pediatra en Norton Children’s en Louisville, Kentucky.
En Idaho, Patterson a veces se encuentra aclarando malentendidos. Algunos padres aceptan la inyección de vitamina K cuando se enteran, por ejemplo, de que no es una vacuna.
“Termino cada conversación con los padres con esto: ‘Por favor entiendan que, al final del día, me apasiona esto porque tengo en mi mente y en mi corazón el mejor interés de los niños'”, expresó Patterson.
“Entiendo que este es un tema candente y no quiero faltarle el respeto a nadie. Pero, al mismo tiempo, me entristece desesperadamente que estemos perdiendo bebés sin ninguna razón”, añade.





